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Por Enrique Sandoval Jr.

Estoy muy contento de haber ido a ver Black Panther: Wakanda Forever. Estoy seguro de que algunas personas la rechazarán o criticarán cada detalle por cualquier motivo, pero para mí fue una gran película y me llenó emocionalmente. 

¿Por qué? Una palabra… Namor. Sé que vivimos en un mundo en el que los intentos exagerados de inclusión proliferan y molestan a muchos (incluido yo mismo a veces), pero para mí fue un sueño de infancia hecho realidad. Allí mismo, en la pantalla, frente a mí, había alguien que se parece a mí representado como un superhéroe. Grande, poderoso e incluso noble. El Rey de la Atlántida. 

Es tan fácil olvidar que la cultura mexicana es mucho más que los estereotipos clichés que se ponen todos los días en nuestra sociedad. Somos los descendientes de una poderosa civilización que comandó un imperio. Una comunidad próspera llena de ciencia, medicina, ingeniería, etc., que existía mucho antes de que muchos otros construyeran sus primeras ciudades. Todo esto fue magníficamente interpretado en la película. Ver a Namor en la película me llenó de un gran sentimiento de orgullo. Cuando se anunció que iban a cambiar a este personaje y darle una historia de fondo maya, me sentí incomodo y me preocupé de que fuera un error. Ahora me alegro de haberme equivocado. La historia de fondo del personaje, el uso de su bagaje cultural, la inclusión del español y de las lenguas tribales, e incluso el origen de su nombre fueron acertados. Vean la película ustedes mismos, y espero que disfruten de esto y del resto de las grandes partes de esta secuela tanto como lo hice yo. Y si no, pues tampoco pasa nada.

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