Por Christina Fernández-Morrow, Hola Iowa
En las colinas de Niterói, Brasil, bajo la tenue luz de una lámpara, un luthier talla cuidadosamente una pieza de pernambuco, la preciada madera utilizada para fabricar arcos de violín. Mientras trabaja, idea un plan que transformará su vida para siempre. Al entregar los violines terminados a sus hijos gemelos de once años, les brinda, sin saberlo, una vía de escape de la pobreza en las favelas de Río de Janeiro que hasta entonces llamaban hogar.
“Nuestro primer contacto con la música fue a través de nuestro papá”, cuenta Wagner. “Él fabricaba violines, pero no los tocaba. Nos obligó a tomar clases para probar sus instrumentos”. Lo que comenzó como una medida de control de calidad para el trabajo de su padre terminó siendo su boleto al mundo.
Veinte años después, Walter y Wagner Caldas recorren los escenarios de Estados Unidos como músicos consolidados y con una sólida base de seguidores.
Antes de convertirse en los Brazilian 2wins, los hermanos Caldas tocaban en la orquesta comunitaria de la favela, donde medios locales conocieron su talento y lo difundieron a un público más amplio. “Llamamos mucho la atención porque éramos los primeros niños negros de las favelas tocando música clásica”, recuerda Walter. “Incluso nos dieron la llave de la ciudad”.
Un encuentro fortuito los lleva a Iowa
Esa notoriedad atrajo el interés de National Public Radio (NPR), que los entrevistó tras una presentación en su ciudad natal. El equipo quedó tan impresionado que regresó a su casa al día siguiente para grabar más, a pesar de los riesgos del entorno. La emisión llamó la atención de los organizadores del World Food Prize, quienes los invitaron a tocar en su evento en Des Moines.
Interpretaron una sola canción. Entre el público se encontraba el presidente de la Universidad del Norte de Iowa (UNI), quien quedó maravillado por su talento y les ofreció una beca completa.
“No le dijimos a nuestros padres que habíamos recibido la beca”, recuerda Walter. “Todo pasó tan rápido que era difícil de creer”. Semanas después, con 21 años, los gemelos partieron rumbo a Iowa.
En Cedar Falls, los hermanos aprendieron inglés y se adaptaron a la nueva cultura. Hicieron amistades a través de la música, se unieron a una banda y transitaron del estilo clásico al pop y al rock. Tras graduarse, se dedicaron de lleno a su carrera musical, aceptando cada presentación disponible. Rápidamente ganaron popularidad gracias a sus versiones creativas de canciones populares y su energía contagiosa en el escenario. Ya fuera en un recinto lleno o en un pequeño bar, transmitían entusiasmo y sueños, a menudo cerrando sus conciertos con la frase: “Tenemos que tomar un vuelo a Nueva York por la mañana”, aunque en ese momento aún era solo un sueño.

Sueños, desafíos y gratitud
Aunque aspiraban a la fama internacional, mantenían los pies en la tierra. Su meta era ganar lo suficiente para enviar dinero a sus padres y regresar a Brasil en dos o tres años. Sin embargo, construir una carrera musical que sostuviera dos hogares no fue sencillo. Durante ese proceso, Wagner enfrentó una dura batalla contra un cáncer agresivo que lo alejó de los escenarios durante casi un año. Ambos encontraron el amor, formaron familias, y con el tiempo, visitar Brasil se volvió más complicado. Pasaron años sin poder regresar.
Tras dos décadas de arduo trabajo, creando música, una comunidad de seguidores y cumpliendo el sueño de recorrer el país, decidieron que era momento de enfocarse en su país de origen. “Aquí la cultura está mucho más centrada en el trabajo que en lo social”, señala Wagner. “Ya hicimos esa parte”.
Walter coincide: “Hicimos de Estados Unidos nuestro hogar durante 20 años. Lo amamos, pero ahora buscamos calidad de vida”, comenta desde su estudio en Des Moines, donde han estado escribiendo canciones en portugués para su regreso a la escena musical brasileña.
Su padre ya no fabrica violines. Hoy los espera en una casa alejada de la violencia de las favelas donde sus hijos comenzaron su historia. Los músicos están emocionados de compartir tiempo con sus padres mientras estos aún gozan de buena salud y vitalidad. También desean que sus hijos conozcan la cultura brasileña y aprendan su idioma natal. Gracias a los ingresos enviados durante los años, la familia construyó una casa amplia en una zona más segura de Río de Janeiro, donde los gemelos vivirán junto a sus esposas e hijos para iniciar una nueva etapa.
Aunque planean mudarse a Brasil a finales de julio, sus seguidores en EE. UU. no tendrán que despedirse por completo.
“Pensamos regresar a Estados Unidos cuatro veces al año para hacer giras, así que volveremos”, asegura Wagner.

Despedida de Iowa: últimas fechas y próximos pasos
El dúo ya está planeando una gira de otoño, con fechas y ciudades por anunciar. Por ahora, se enfocan en el estado donde todo comenzó.
Su gira final en Iowa, Goodbye Iowa Final Run Tour, comienza el 3 de julio en West End Park, en Marshalltown, y continúa con una presentación en el Riverloop Amphitheater, en Cedar Valley, el lugar donde arrancó su historia. El último concierto en Iowa será el 10 de julio en Jasper Winery, en Des Moines, un evento gratuito que promete ser una celebración llena de energía y una despedida —por ahora—.
Del humilde taller de su padre en las favelas de Niterói a los grandes escenarios de Estados Unidos, los Brazilian 2wins son prueba viva de que la música es un lenguaje universal que puede unir continentes, culturas y sueños. Mientras se preparan para escribir su próximo capítulo en Brasil, se llevan no solo las lecciones aprendidas en su aventura norteamericana, sino también la certeza de que el hogar es mucho más que un lugar: es donde la familia y la música se entrelazan para crear alegría.
Para seguir su trayectoria y conocer las fechas de sus próximos conciertos, visita su sitio web: https://www.b2wins.com o síguelos en redes sociales B2Wins.
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