Por Victoria Reyna-Rodriguez
Para Socorro Martinez, directora de Latina Leadership Initiative of Greater Des Moines, el liderazgo no es solo un título: es un llamado de vida arraigado en el servicio, la identidad y la comunidad.
Apenas cinco meses después de asumir el cargo, Martinez ya está dando forma a una visión clara: que las latinas sean vistas, acompañadas y empoderadas para crecer sin pedir permiso ni disculpas.
De traductora a defensora
La historia de Martinez comienza en una familia marcada por el sacrificio y la esperanza. Nacida cerca de Chicago, de padres mexicanos, y criada en Norwalk, creció entre dos mundos: uno lleno de cultura dentro de casa y otro donde esa misma cultura muchas veces la hacía sentirse distinta.
“Definitivamente crecí en una burbuja”, recuerda.
Como muchas latinas de primera generación, Martinez asumió responsabilidades desde muy joven. Mucho antes de que se convirtiera en su profesión, fue intérprete de sus padres: en citas médicas, restaurantes y situaciones de la vida diaria. Esa experiencia no solo formó sus habilidades; también definió su propósito.
Hoy, con más de 20 años como intérprete profesional, Martinez sigue amplificando voces, pero ahora lo hace a una escala mucho mayor.
“Lo que empezó como ayudar a mi familia se convirtió en algo mucho más profundo”, dice. “Se trata de conexión, dignidad y de asegurar que nuestra comunidad sea escuchada”.
Una hermandad que te encuentra
Martinez suele decir que ella no encontró a Latina Leadership Initiative: la organización la encontró a ella.
En 2023, respondió a una convocatoria en redes sociales y se unió al programa. Lo que descubrió fue más que mentoría: fue transformación.
Inspirada por la ambición y la resiliencia de su mentee, Martinez vio de cerca lo que ocurre cuando las latinas tienen espacio para crecer.
“Pienso en el valor que se necesita simplemente para entrar a un espacio como este”, dice. “Ese primer paso importa, y merece celebrarse”.
Fundada en 2013 por un grupo visionario de líderes latinas, LLI se ha convertido en una red sólida de más de 100 exalumnas, cada una con una historia de crecimiento, redescubrimiento y liderazgo.
En el fondo, dice Martinez, el programa se trata de una sola cosa: hermandad.
“Es cálido. Es real. Es un lugar donde no tienes que explicar quién eres: ya te entienden”.

Ocupar espacio sin pedir permiso
En un mundo donde la representación todavía no refleja la realidad, Martinez tiene clara su misión: las latinas merecen ocupar espacio, no algún día, sino ahora.
“Hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor que pueden generar miedo e incertidumbre”, dice. “Pero espacios como LLI nos recuerdan que no estamos solas”.
Aunque los latinos suelen ser reconocidos como una de las poblaciones de mayor crecimiento en el país, Martinez señala que la visibilidad, especialmente en espacios profesionales, todavía se queda corta.
Ella sabe lo que se siente ser la única latina en la sala. Pero está comprometida a que la próxima generación no tenga que cargar con ese mismo peso.
Y su mensaje es poderoso por su sencillez:
No tienes que ser CEO para importar. No tienes que encajar en un molde para pertenecer. Lo que traes ya es suficiente.
Una invitación a crecer
A través de su programa anual de liderazgo, que se realiza cada año de enero a mayo, LLI sigue abriendo puertas para latinas listas para invertir en su crecimiento personal y profesional.
Aunque la cohorte de 2026 ya está en marcha, las oportunidades para conectar siguen abiertas a través de eventos comunitarios, mentoría y roles de liderazgo.
Para Martinez, la invitación es sencilla, pero significativa:
“Da el paso. Aplica. Preséntate. Y, sobre todo, sigue ocupando tu espacio”.
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