
A medida que los agricultores enfrentan dificultades históricas y complicaciones en el mercado, las llamadas a las líneas directas de ayuda, como la nacional de Farm Aid y la línea Iowa Concern, donde los productores pueden recibir apoyo en momentos de crisis de salud mental o necesidad, están aumentando.
Este otoño, la línea Iowa Concern recibió entre cuatro y cinco veces más llamadas que en los mismos meses del año pasado, según Tammy Jacobs, su coordinadora.
La línea de Farm Aid también ha notado un cambio en la urgencia de las llamadas.
“Ahora estamos recibiendo más llamadas de agricultores con experiencia, personas que ya conocen cómo acceder a programas y cómo moverse en el sistema. Aun así, están enfrentando problemas nuevos, más complejos y difíciles de resolver”, explicó Lori Mercer, operadora de la línea Farm Aid. “El sistema actual simplemente los está dejando sin apoyo. Ya no hay una red de seguridad”.
Las investigaciones muestran que los agricultores mueren por suicidio al menos el doble que la población general, lo que aumenta la urgencia por atender este crecimiento en la demanda de ayuda.
“Es un problema enorme. Este año, al menos tres familias que conocemos han perdido a un ser querido por suicidio”, dijo Emma Yerkey, integrante del capítulo agrícola de Gray Matters, un encuentro mensual en los Quad Cities donde los productores comparten sus desafíos.
Los agricultores enfrentan muchos factores de estrés y situaciones fuera de su control —como el aislamiento, los cambios climáticos y la presión financiera— además del bajo acceso a servicios de salud mental en zonas rurales y el estigma que les impide hablar de su dolor. A eso se suman condiciones de mercado agravadas por la guerra comercial y la inflación. Profesionales de salud mental están buscando soluciones creativas para ofrecerles atención.
Entendiendo el estrés
La familia de Yerkey cultiva maíz, soya y heno en Geneseo, Illinois, en tierras que han sido suyas desde la Guerra Civil. Esa granja está llena de recuerdos, sobre todo de su padre, Tim Yerkey.

Tim Yerkey con sus hijas Emma (bebé), Claire (en el escalón superior) y Allison Yerkey (en el escalón inferior) en la granja familiar. (Foto cortesía de Emma Yerkey)
Jugaban béisbol en la entrada de la casa, comían juntos en familia y, en una ocasión, él la ayudó a criar un becerro que ganó una cinta azul.
“Ese es uno de los mejores recuerdos que tengo con él”, compartió Yerkey.
Pero la granja también era una fuente de estrés. Tim Yerkey trabajaba la tierra con su familia, pero en ocasiones necesitaba empleos adicionales para cubrir los gastos. En 2011, luego de un año difícil, las inundaciones de primavera dejaron los campos bajo el agua. Él buscó ayuda, habló con amigos y fue a emergencias, pero le dijeron que no había camas disponibles, contó Yerkey. En junio de ese año, murió por suicidio.
“Extraño a mi papá y no quiero que ninguna otra familia pase por lo mismo”, dijo.
Sin embargo, muchas familias agrícolas enfrentan ese mismo dolor. Entre 2003 y 2017, más de 1600 agricultores murieron por suicidio, en su mayoría hombres blancos mayores.
Expertos señalan que entre los factores que agravan el estrés y las tasas de suicidio en el campo están el aislamiento, el fácil acceso a armas, la expectativa cultural de fortaleza, el estigma en torno a la salud mental, la incertidumbre sobre quién heredará la granja y la falta de reconocimiento por su labor.
Las pérdidas económicas y el estrés son factores de riesgo directo para síntomas depresivos. Y actualmente, la situación es especialmente dura para los productores.
Desde 2020, enfrentan inflación alta y costos crecientes en insumos agrícolas. La pandemia, sumada a decisiones políticas como los aranceles impuestos por el expresidente Donald Trump y el aumento de las redadas migratorias, ha elevado los costos operativos. Al mismo tiempo, los precios de los principales productos están por debajo de los costos de producción: el maíz cuesta $0.85 menos del punto de equilibrio y la soya, unos $2 por debajo.
Aunque este año varios estados esperan cosechas récord de maíz, no hay razones para celebrar.
“Es muy frustrante para los agricultores hacer todo bien —usar tecnología, tomar buenas decisiones— y aun así terminar con pérdidas”, señaló Aaron Lehman, presidente de la Unión de Agricultores de Iowa.
En 2024, Estados Unidos exportó alrededor del 42 % de su soya, principalmente a China. Pero debido a la guerra comercial, ese país dejó de comprar, y muchos productores no han encontrado nuevos mercados. En noviembre, EE. UU. firmó un nuevo acuerdo con China, que podría ser un alivio, aunque aún no está claro cuánto se comprará.
Algunos programas que conectaban a los agricultores con mercados locales, como la iniciativa de asistencia para compras de alimentos locales, fueron eliminados por el USDA.
“Desde que empezó el año, los agricultores han enfrentado nuevos niveles de incertidumbre: pérdida de mercados por aranceles, falta de personal por el cierre del gobierno, congelamiento de fondos. Uno de los más graves ha sido la pérdida de mano de obra debido a las redadas migratorias”, explicó Mercer, de Farm Aid. “Hablé con un productor que veía cómo su cosecha se echaba a perder porque sus trabajadores habituales tenían miedo de presentarse.”
A eso se suma el sentimiento de que el trabajo agrícola no es valorado.
“Este trabajo es durísimo, y nadie parece entender de dónde viene la comida. Nadie sabe que [los agricultores] trabajan 20 horas al día para que alguien pueda comer una fresa”, comentó Anna Scheyett, profesora retirada de trabajo social que investigó el estrés en el campo y el suicidio entre productores en la Universidad de Georgia.
Acercar la ayuda a quienes la necesitan
Pese a las dificultades, algunas familias están encontrando esperanza y comunidad. Para honrar a su padre, Yerkey se unió al nuevo capítulo agrícola de Gray Matters, una organización sin fines de lucro en Quad Cities que ofrece recursos, educación y espacios seguros sobre salud mental.

Tim Yerkey con su abuelo Clifford Rahn, quien comenzó a cultivar las tierras familiares en los años 40. (Foto cortesía de Emma Yerkey)
Gray Matters organiza encuentros mensuales llamados Barn Talks, donde los participantes pueden hablar de lo que les preocupa —estrés, depresión, ansiedad u otros temas— y recibir apoyo. El objetivo es generar comunidad y normalizar las conversaciones sobre salud mental.
“Sentirse cómodo y seguro para decir ‘Estoy estresado, me siento mal, tengo ansiedad o depresión, lo que sea’ es fundamental”, dijo Heather Gritton, una de las coordinadoras del grupo.
Ofrecer espacios accesibles para que los agricultores puedan desahogarse ayuda a reducir el estigma, afirmó Sara Kohlbeck, profesora asistente de psiquiatría y medicina conductual en el Medical College of Wisconsin.
“Es clave llevar ese apoyo a las comunidades rurales, en vez de esperar que ellos acudan a buscarlo por sí mismos”, explicó Kohlbeck. “De lo contrario, mucha gente sigue sufriendo en silencio porque no tiene tiempo o por orgullo y estigma.”
También hay barreras prácticas. La telemedicina no es una opción viable para muchos en zonas rurales por la mala señal. Conducir largas distancias para ver a un terapeuta tampoco es práctico en temporada de cosecha.
Otra estrategia ha sido capacitar a personas de confianza para los agricultores —proveedores, prestamistas, veterinarios, cónyuges— para que puedan detectar señales de alerta y ofrecer apoyo inicial.
Scheyett, por ejemplo, ha capacitado a prestamistas agrícolas y agentes de extensión para iniciar charlas sobre estrés al inicio de reuniones de producción, lo cual ha demostrado ser útil.
En un estudio, Scheyett y sus colegas hallaron que agricultores expuestos a 10 minutos de información sobre manejo del estrés adoptaron nuevas ideas y mayor compromiso con su bienestar.
A veces, brindar soluciones logísticas también es parte de la atención emocional.
“Tenemos un programa llamado Farm Financial Associates que ofrece una evaluación completa de las operaciones agrícolas, buscando diversificar y reducir pérdidas”, explicó Jacobs, de Iowa Concern.
Para quienes enfrentan problemas de almacenamiento de grano, sugirió asociarse con otros agricultores como alternativa a las cooperativas tradicionales.
Scheyett cree que todos podemos ayudar simplemente dando las gracias.
“Siempre que veo a un agricultor, le digo: gracias por tu servicio. Porque gracias a su trabajo estamos sanos, alimentados y vestidos”, expresó.
Todo esto tiene un solo objetivo: cuidar vidas.
“Si puedes salvar aunque sea una vida, ya vale totalmente la pena”, concluyó Yerkey.
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