
José Jesús Hernández construyó una vida en Iowa tras décadas de trabajo agrícola. Reconocido por Proteus, ahora devuelve apoyo a la misma comunidad que ayudó a su familia.
Por Christina Fernández-Morrow
Nota de la redacción — Actualizada el 25 de septiembre de 2026: Proteus Inc. continúa ofreciendo servicios a trabajadores agrícolas y sus familias en Iowa, Indiana y Nebraska, incluidos atención médica accesible, apoyo educativo y capacitación laboral. La organización reconoció a José Jesús Hernández como uno de sus Farmworkers of the Year de 2024. Su Food Security Program reportó haber atendido a 859 hogares en 2025.
Al amanecer de un frío día de otoño, José Jesús Hernández estira los brazos entre ramas y hojas, tira suavemente de una manzana Honeycrisp y la agrega a las miles que pronto alimentarán a habitantes de Iowa. Sus movimientos son precisos, perfeccionados durante más de dos décadas en el huerto. Horas después, sus manos ásperas y callosas, marcadas por toda una vida cosechando frutas y verduras, sostienen con delicadeza un premio de vidrio que lo reconoce como trabajador agrícola del año de Proteus Inc., mientras las cámaras captan uno de esos raros momentos en los que este humilde residente de Iowa no está ocupado alimentando a su comunidad. Su recorrido, de trabajador temporal a agricultor reconocido, refleja el de muchos inmigrantes que forman parte esencial de la agricultura estadounidense. Su historia, acompañada por organizaciones sin fines de lucro como Proteus Inc., muestra cómo el acceso a servicios de salud y recursos específicos puede transformar vidas.

Foto de Tar Macias / Hola Iowa
Desde 1979, Proteus Inc. ha ayudado a trabajadores agrícolas de Iowa, Indiana y Nebraska a acceder a servicios que han contribuido a mejorar su salud, continuar sus estudios y recibir apoyo laboral dentro y fuera de la agricultura. Sus clínicas de bajo costo atienden a trabajadores agrícolas sin seguro médico como Hernández, quien atribuye a la organización el apoyo para controlar su colesterol alto cuando un seguro privado le costaba $450 por cheque de pago.
Hernández creció en una pobreza tan severa que tenía miedo de soñar. Lo único que quería era tener trabajo durante todo el año para alimentar a su familia. Comenzó a viajar a Estados Unidos a los 18 años para sembrar y cosechar en campos de California y Nebraska, antes de regresar a México con sus ganancias. Durante años, Hernández despertaba antes de que saliera el sol en una habitación pequeña que compartía con otros trabajadores temporales, pensando en el dinero que enviaría a casa esa semana. A los 21 años se mudó a Iowa y se permitió soñar no solo con alimentar a su familia, sino con construir una nueva vida con oportunidades que antes estaban fuera de su alcance. “Tenía que ser valiente y concentrarme en mi misión de ayudar a mis hijos y a mi esposa, que estaban del otro lado de la frontera”, recuerda Hernández sobre los años en que iba y venía entre los dos países. “Vi oportunidades en Iowa que no había visto en los otros estados. También era una oportunidad para desarrollar mis habilidades personales. Podía concentrarme en salir adelante, superar el miedo de no conocer el idioma y enfrentar la discriminación, sabiendo al mismo tiempo que nadie me iba a regalar nada”.
Mientras aprendía inglés y se adaptaba a nuevas costumbres, Hernández trabajó en varios empleos para pagar la colegiatura de su hija en Iowa State University. Uno de ellos fue en Center Grove Orchard, antes de que se convirtiera en la atracción familiar de otoño que es hoy. Conoció Proteus Inc. cuando decidió trabajar de tiempo completo en el huerto. “Cuando trabajaba para una empresa de serigrafía en Ames tenía seguro médico. Pero el seguro de salud es muy caro para los trabajadores agrícolas; yo no podía pagarlo”. Una amiga de su hija se encontraba en una situación similar y le habló de la clínica de bajo costo de Proteus Inc. en Des Moines. “Todavía utilizo sus clínicas”, dice Hernández. “Voy a mis exámenes físicos y para controlar mi colesterol”.
Con los hombros adoloridos después de reparar cercas de alambre y con el aroma de las flores de manzano impregnado en la ropa tras llenar cajas con fruta de los 50,000 árboles del huerto, Hernández todavía encuentra energía para cuidar su jardín personal. Él y su esposa donan regularmente el excedente de sus cosechas al programa de seguridad alimentaria de Proteus Inc., que brinda alimentos a más de 750 familias que, como alguna vez la suya, enfrentan inseguridad alimentaria. Hernández agradece poder devolver algo a la comunidad. “Yo quería cultivar mis propios vegetales en México, pero no teníamos suficiente dinero ni siquiera para comprar semillas, mucho menos para todo lo demás que se necesita para cultivarlos. Estoy agradecido de tener la oportunidad de cosechar más de lo que necesitamos”.
Lluvia, aguanieve, nieve, viento, granizo o cualquier otro extremo que presente el clima de Iowa: Hernández y otros trabajadores agrícolas están en los campos y huertos asegurándose de que los habitantes del estado tengan alimentos nutritivos. Hernández se siente orgulloso de lo que producen sus manos y de que sus hijos tengan oportunidades con las que él nunca pudo soñar. Su hija, Mayra, continúa el legado de alimentación de su padre como nutricionista en Kansas City, mientras que su hijo, que lleva su mismo nombre, se quedó más cerca de casa y dirige un equipo para una empresa en Nevada. Hernández espera que su mensaje de trabajar duro y soñar en grande pase de sus hijos a sus nietos. “Les dije a mis hijos que hicieran algo mejor que su papá, pero que cuidaran de los demás y no olvidaran de dónde venimos”.
Algún día, Hernández espera jubilarse en su propia granja en Michoacán, México, donde su esposa pueda cuidar un pequeño jardín, gallinas y vacas. Por ahora, continúa trabajando la tierra de Iowa, haciendo con las semillas algo que alguna vez le pareció tan imposible como sus sueños. “Les digo a los trabajadores jóvenes que me recuerdan a mí mismo: no tengan miedo, incluso hoy, cuando las cosas parecen dar miedo con el gobierno. Somos excelentes trabajadores. Podemos alcanzar nuestras metas. No aguanten el dolor de una hernia o una úlcera solo porque la atención médica es demasiado cara; puede llevar a la muerte. Hay clínicas gratuitas y de bajo costo que pueden ayudar. Les pido que busquen la ayuda que necesitan”.
Cuando Hernández se detiene a observar a los visitantes de Center Grove Orchard morder con emoción una manzana que él cosechó o escoger las calabazas que sembró, disfruta la alegría que otros encuentran en el trabajo de sus manos. Es un orgullo que espera que sus nietos reconozcan no por trabajar en los campos, sino en los títulos universitarios y las mesas llenas que su trabajo ayudó a hacer posibles.
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