El programa de Mariachi de las escuelas de Denison celebra 10 años.

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Jamie Abarca, right, and Amy Estrada, left, get ready to lead the Mariachi Reyes del Oeste, Denison High School's top mariachi ensemble, onto the stage to perform during the 2022 Fiesta Mariachi.
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Este grupo de mariachis de escuela preparatoria unió a un pueblo rural de Iowa dedicado a la producción de carne. ¿Cómo puede replicarse su éxito?

Por Courtney Crowder, Des Moines Register

DENISON, Iowa – Los gritos de la multitud que se encontraba de pie – ¡Aaaaayyyyyee! ¡Aaaaayyyyyee! – resuenan en el gimnasio de la escuela, con sus prolongadas vocales rebotando en un arco iris de manteles brillantes, serpentinas y banderines de papel picado al estilo mexicano.

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Los hermanos pequeños juegan por debajo las largas mesas comunales, donde las familias disfrutan de grandes cantidades de carnitas, frijoles y arroz; las tortillas calientes están listas para limpiar cualquier resto de comida que haya quedado en los platos.

Los abuelos estadounidenses con sudaderas de los Ciclones y gorras grabadas con la publicidad de compañías de semilla intercambian saludos con los jóvenes padres hispanos con camisas bordadas de botones y botas de vaquero puntiagudas. Las abuelas mexicanas y las “meemaws” abuelas granjeras de varias generaciones, mantienen sus manos firmes, con los teléfonos en alto, listas para grabar. Un trabajador de la planta local de empacado de carne Smithfield, que llegó temprano para ocupar el asiento más cercano al escenario de la esquina, intenta, disimuladamente, secarse  una lágrima, conmovido por la música que nunca pensó que escucharía en una escuela estadounidense. 

Los reunidos representan al menos una docena de países en un distrito en el que 23 idiomas resuenan a diario por los pasillos y las aulas. Son una muestra representativa de la vida en Denison, tanto para los que ven caras nuevas como para  los que tienen raíces arraigadas. Es una muestra que no se ve en otras partes de este condado, o en gran parte de Iowa rural.

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Esta noche, los tableros sagrados que normalmente se reservan para el baloncesto y las eventos de los fans acogen la Fiesta Mariachi de la escuela, una celebración del programa de mariachis más fuerte de las escuelas preparatorias de todo Iowa, y de cómo la inmigración y la fanfarria de una trompeta transformaron este poblado rural.

Los pueblos pequeños de Iowa llevan más de un siglo quedándose vacíos, pero la población de Denison ha aumentado desde los años ochenta, incluyendo un explosivo crecimiento demográfico del 25% de miembros de la comunidad minoritaria en la última década. El empleo y la industria son los principales motivos de reubicación, y con dos grandes plantas empacadoras de carne en la ciudad y así mismo  de ser una sede importante del condado, no es difícil encontrar un empleo bien remunerado.

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Pero para retener a la gente, para animarla a comprar casas aquí y criar a sus hijos aquí y jubilarse aquí y decirle a sus familiares que vengan aquí, los residentes deben sentirse arraigados en un lugar, dicen los expertos. Y encontrar formas de acoger a estas nuevas y diversas poblaciones, de crear comunidad con ellas, podría frenar la hemorragia de población en partes rurales en los Estados Unidos, dicen.

El mariachi “ha dado a esa comunidad en su conjunto, la comunidad latina, la luz verde de que aceptamos lo que ustedes están poniendo sobre la mesa aquí”, dice Claudia Rihner, profesora de cuerdas de Denison. “Nos encanta que traigan esta diversidad cultural, y queremos participar en ella”.

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Esteban Castellanos, estudiante de último año de la preparatoria de Denison, toca su violín mientras el Mariachi Reyes del Oeste, el grupo principal de mariachis de la escuela preparatoria, hace su presentación durante la Fiesta del Mariachi 2022.
Bryon Houlgrave / The Register

“Es hacer que un lugar que probablemente no les parezca su hogar, se sienta como tal”.

Con diez años de existencia, el mariachi de Denison, que incluye a casi 70 chicos en cuatro conjuntos diferentes, ha creado un sistema de aceptación dentro y fuera de la escuela. Sus cuerdas y serenatas forman una red musical que conecta a los estudiantes blancos con sus compañeros latinos, a los niños hispanos con su herencia, a los diversos padres de familias con la escuela igualmente diversa y al distrito con una comunidad preparada para crecer.

Animados por el éxito de Denison, las preparatorias de Ottumwa, Sioux City, Storm Lake y West Liberty han puesto en marcha programas de mariachi, uniéndose a una tendencia nacional que ha visto cómo esta música regional mexicana se incorpora a los planes de estudio en lugares tan lejanos como Juneau (Alaska), donde los inmigrantes trabajan en barcos cangrejeros.

En Storm Lake, las inscripciones en las clases de mariachi han pasado de seis a 38 en el lapso de un año. Y en Marshalltown, el distrito publicó una vacante para un profesor de mariachi de  tiempo completo con la esperanza de iniciar un programa pronto.

Cuando los primeros acordes de una nueva melodía suenan en el gimnasio, la joven Amy Estrada se adelanta para tomar el micrófono. Su nuevo traje púrpura, un traje tradicional de mariachi cosido con los colores de Denison High, centellea bajo el marcador; los leones monarcas bordados en la solapa, la mascota de la escuela, brillan con fuerza.

Ella escucha su silbido, el chillido agudo de su padre. El inconfundible sonido de la alegría.

Le pidió al profesor de la banda, Ruben Newell, a principios de año, si el grupo de mariachis más avanzado de la escuela, el Mariachi Reyes del Oeste, podía tocar “Estos Celos”, la canción favorita de su padre. Nacido en un ranchito de las afueras de la Ciudad de México, hace sonar la canción mientras trabaja en la cochera y hace cantar a toda la familia. 

Amy Estrada, estudiante de la preparatoria de Denison, canta mientras el Mariachi Reyes del Oeste, el grupo principal de mariachis de la escuela preparatoria, hace su presentación durante la Fiesta del Mariachi 2022.
Photo by Bryon Houlgrave / The Register

En el mundo de Estrada, las dulces melodías del mariachi pueden alegrar instantáneamente un mal día.

Como a tantos otros estudiantes, tocar esta música, y nada menos que en la escuela, le ha dado a Estrada una confianza que no podría haber nombrado antes de tomar un guitarrón o una vihuela, instrumentos de cuerda exclusivos del mariachi. Es una confianza en sí misma, y en su ciudad natal.

“Mostramos diversidad en nuestra comunidad, y eso me encanta porque muchas escuelas son muy cerradas”, dice Estrada. “Al entrar allí e intepretar , representamos a Denison, y me encanta representar a Denison”.

Fuera del escenario, puede ser Clark Kent. Pero con un  rápido cambio de  traje , ella puede convertirse en Superman.

Un grupo de mariachis crece en Denison

Ruben Newell se convenció de iniciar un programa de mariachi en Denison después de una hora de rasgar las cuerdas.

Newell, que tiene oído para los instrumentos desde que tiene uso de razón, había sido director de la banda de la Escuela Preparatoria de Denison durante unos años antes de tomar la guitarra en una conferencia de profesores de música. En un principio se sintió atraído por Denison por su fuerte tradición en las bellas artes y la música y, sinceramente, no le vino mal que la ciudad estuviera a medio camino entre su familia y la de su mujer.

Su anterior distrito escolar había sido un 95% de blancos, pero el de Denison era más de un 60% de hispanos. La escuela no sólo estaba a cien millas y a un mundo de distancia de la crianza de Newell en una granja en las afueras de Fort Dodge, sino que colegas y conocidos le advirtieron antes de que aceptara el puesto: Cuando vas a enseñar en una escuela como esa, esos estudiantes no se comprometen con la música, dijeron. Esos estudiantes no se involucran.

El director de música de la preparatoria de Denison, Ruben Newell, guía al estudiante de último año Antonio Rodríguez, a la izquierda, y al estudiante de último año Adrain Velázquez-Nieto, a la derecha, ambos miembros del Mariachi Reyes del Oeste, el grupo principal de mariachi de la escuela preparatoria, durante la práctica.
Bryon Houlgrave / The Register

Esos alumnos. No fueron más específicos, pero no fue necesario que lo fueran para que Newell entendiera que se referían a los niños latinos.  

En menos de una semana de trabajo, Newell sabía que era un estereotipo falso. Sin embargo, cuando se puso al frente de su banda, no vio reflejada la demografía de la escuela. Las palabras de sus antiguos colegas se aferraban a lo más hondo de su mente, un temor persistente: esos estudiantes no se comprometen con la música.

Entendía que no se estaba llegando a una gran parte de la población de esta escuela, pero no sabía cómo, exactamente, extender la invitación.

Encontró como invitarlos mediante esa guitarra.

“Si sacas un anuario y abres la sección de la banda de 1982 y ofreces el mismo conjunto que en 1982, estás ignorando que ha habido un cambio en la gente, en las comunidades y en la educación”, dice.

“Si no estamos llegando a los estudiantes, si no tenemos a los estudiantes aquí para enseñarles, ¿qué estamos haciendo?”.

Si conseguía poner en marcha un conjunto, el programa de mariachis de Denison sería el primero de su clase en Iowa.

Ahora tenía que convencer a la administración de la escuela.

Como el jazz, pero en español

El grupo, formado por una docena de estudiantes, sólo iba a tocar algunas canciones en el concierto de fin de curso de la primavera de 2012, un pequeño intermedio entre la programación habitual de la banda. Pero esta lista de canciones era tanto una prueba para el público como para los chicos o para la instrucción de Newell.

Cuando el año anterior le presentó la idea a su superintendente, Newell dijo que la música de mariachi es tan accesible -aprende tres acordes y podrás tocar algunas canciones- así como pudiera ser intrincada y difícil.

Las canciones de mariachi, que tradicionalmente se transmiten de generación en generación a través de la enseñanza práctica y no de la lectura de los pentagramas en papel, recorren las estaciones de la vida. Meditando  las tragedias y los triunfos, las letras son reconfortantes para todos. Y, a diferencia de la orquesta de concierto, gran parte de esta música está en la interpretación, en cómo los músicos se basan en sus vivencias personales para representar el amor, la pérdida, la alegría, la tristeza, el anhelo o la victoria.

La letra puede estar en español, pero el sentimiento trasciende el idioma.

Los estudiantes de último año de la preparatoria de Denison Brian Ibarra, a la izquierda, y Jamie Abarca, a la derecha, ambos miembros del Mariachi Reyes del Oeste, el grupo de principal de mariachis de la escuela preparatoria, tocan sus instrumentos durante la práctica.
Bryon Houlgrave / The Register

Un programa de mariachis no sólo invitaría a nuevos músicos al redil de la banda, dijo Newell, sino que impulsaría musicalmente a los estudiantes actuales y mostraría a las familias minoritarias que la escuela es un espacio seguro para sus hijos y su cultura. No se trataría de trompetas desafinadas y golpeadas que vagan entre las mesas de un restaurante mexicano, dijo Newell.

“Es una forma de arte legítima”, dice. “A la par de lo que es el jazz para los músicos estadounidenses”.

Newell apenas terminó su propuesta antes de que el Superintendente Mike Pardun estuviera de acuerdo. Le dice a su personal a menudo que el aprendizaje, ya sea música o química o literatura de inglés, sólo es posible a través de relaciones sólidas con las familias de su distrito.

Pardun salió de su despacho y reservó a Newell un puesto para un próximo entrenamiento de mariachis. Unas semanas más tarde, seis violines y seis guitarras, instrumentos necesarios para el mariachi, llegaron a la escuela.                

Y en otoño, un pequeño conjunto de alumnos de octavo curso, una mezcla de niños blancos y latinos, comenzaron con clases de 20 minutos semanales. Newell eligió a los integrantes de la banda, no a los mejores ni a los peores, sino a los chicos que se interesaban profundamente por la música, los que sentían las notas y los movimientos.

Su primera presentación estaba prevista para el concierto de primavera.

Mientras el conjunto pasaba al frente y rasgueaba las guitarras, Newell se paseaba de un lado a otro, recorriendo la pared trasera del auditorio de la escuela secundaria.

“El peor escenario es que pongamos a este grupo de estudiantes ahí fuera y se pongan delante de una multitud y toquen lo que les enseñamos que era mariachi y la gente diga: ‘Espera, ¿qué es esto? “‘¿Qué hacen estos’ -si soy sincero- ‘estos tipos blancos intentando enseñar mariachi a nuestros hijos?’”.

En una ciudad que se diversifica rápidamente, la cuestión racial nunca deja de estar presente en la mente de la mayoría de la gente.

Pero cuando resonó la última nota, el público estalló, poniéndose literalmente en pie, la primera de las muchas veces que el aplauso más fuerte sería para el mariachi.

Cuando Newell empezó a tomar aire de nuevo, descubrió a un padre llorando con las manos en su rostro sobrecogido por lo que acababa de ver.

“Para lo que no estábamos preparados era para los adultos de la comunidad latina que no podían creerlo”, dice Newell. “Había hombres adultos sollozando porque no podían creerlo. Estaban en shock de que esto estuviera ocurriendo en Denison, Iowa”.

Cambios en la visión de “Una vida maravillosa”

El sol se prolongaba sobre el edificio de la corte, ofreciendo la primera tarde calurosa del año, mientras la plaza del pueblo de Denison hacía mucha bulla. Los compradores navegaban entre las pastelerías, panaderías y tiendas mexicanas, situadas cerca de los restaurants de parrillas americanas y de los incondicionales escaparates: el viejo joyero, la farmacia local, la confiable barra. La Estrella Grocery, Lovan’s Asian Market y una Hy-Vee se encuentran a pocas cuadras de distancia, con estantes repletos de alimentos tanto locales como importados. 

Y en lo alto de la colina, la torre de agua de Denison, floreciendo desde un campo justo fuera del alcance del estadio de fútbol americano de la preparatoria, anuncia: It’s a Wonderful Life (Es una vida maravillosa).

La ciudad de Denison, en el oeste de Iowa, hizo historia cuando su preparatoria se convirtió en la primera del estado en incorporar un grupo de mariachis a su programa musical.
Bryon Houlgrave / The Register

En referencia a la película navideña del mismo nombre protagonizada por la hija más famosa de Denison, la actriz Donna Reed, el eslogan se ha convertido en un grito de guerra en esta ciudad de 8,300 habitantes. Pero lo que hace que una vida sea maravillosa en Denison ha cambiado mucho con la expansión de la industria cárnica en la década de 1990.

Fundada como enclave católico alemán, Denison siempre tuvo un alto grado de capital social, el término sociológico que designa los valores compartidos y el sentido de identidad de una comunidad, dice Dave Peters, sociólogo rural de la Universidad Estatal de Iowa. La comunidad era progresista, no en el sentido político, dice, pero sí en cuanto a las perspectivas: Los residentes estaban muy comprometidos con el voluntariado y siempre buscaban mejorar su ciudad; cualidades innovadoras y emprendedoras que les ayudaron a superar la crisis agrícola de los años 80.

Pero la identidad de la comunidad se desmoronó cuando la industria cárnica rompió los sindicatos en el último tramo de los años de Reagan. Los salarios cayeron en picada, pasando de unos 30 dólares la hora a 7 u 8 dólares, lo que desencadenó un rápido cambio demográfico que hizo que la población latina, inferior al 1% en 1990, se disparara al 17% una década después y a casi el 50% en la actualidad.

A mediados de la década de 2000, los residentes sintieron que la afluencia de inmigrantes latinos iba a ser “el fin de su pueblo”, dice Peters, que ha seguido la calidad de vida en 99 pueblos de Iowa durante décadas. A los miembros de la comunidad no les gustaba la planta empacadora y les preocupaba la delincuencia y la actividad de las bandas, temiendo que “Denison se convirtiera en un centro de la droga mexicana”.

Pero el empleo y las oportunidades siguieron atrayendo a los inmigrantes hispanos, y los blancos, en su mayoría, se quedaron. Surgió una nueva crisis al crecer dos Denisons distintas, cada una separada de la otra. Estaba la población blanca tradicional, que generalmente ignoraba a los nuevos habitantes de la ciudad, y la población minoritaria, obligada a crear sus propias redes.

Sin embargo, en la última década, surgieron líderes deseosos de resolver las tensiones sociales en ambos grupos, como resultado, según Peters, de que la comunidad hispana se fue estableciendo -los latinos “no podían ser ignorados”- y de que los lugareños se dieron cuenta de que si Denison quería seguir siendo un centro comercial regional, no podían nadar contra la corriente de la diversidad.

Así que la ciudad se apoyó en la innovación y el espíritu empresarial que la habían animado antes. La comunidad puso en marcha un programa de dos idiomas en la escuela primaria, contrató más profesores de inglés como segunda lengua, compró más libros en español para la biblioteca y organizó una proyección de la película “¡Es una vida maravillosa!” con subtítulos en español, una invitación para que los latinos formaran parte de la tradición navideña de la ciudad. El sacerdote católico local incluso aprendió español en el ocaso de su carrera para que los nuevos miembros de su rebaño pudieran celebrar la misa en un idioma que entendieran.

Y, por supuesto, Newell fundó el programa de mariachis de la preparatoria, que “es un símbolo de que Denison ha conseguido superar estas tensiones, y de que la gente, con el tiempo, intenta llegar a entenderse y unirse como comunidad”, dice Peters. 

Los vínculos entre la población blanca y la minoritaria son “mucho más fuertes ahora que nunca”, afirma Peters. La ciudad está creciendo y, lo que es más importante, los residentes ven una vida para ellos y sus hijos más allá de trabajar en la línea de una planta empacadora.

Ahora, “en muchas de estas ciudades de Iowa con grandes plantas empacadoras, esta inversión en calidad de vida y esta cultura de apertura y tolerancia y el intento de integrar a la gente en la comunidad a través de estas redes de capital social es una forma de atraer a la comunidad a personas que realmente quieren estar allí”, afirma Peters.

En pocas palabras, dice, si una ciudad rural de Iowa quiere tener futuro, debe acoger a los recién llegados. “Hay que encontrar la manera de tener un lugar para ellos y hacer que se sientan valorados”, dice.

“Si no, estás muerto”.

La vida en ‘spanglish’ genera fuertes vínculos 

Los padres de Jamie Abarca, estudiante de último año de preparatoria, escuchan música de mariachi mientras limpian los sábados; los de Adrián Velázquez-Nieto, de último año, también.

Velázquez estaba en la escuela primaria cuando su madre le subía al radio para cantar “El Rey”, una canción clásica de mariachi sobre la vida de un hombre de capa y espada. 

Brian Ibarra, estudiante de último año de preparatoria de Denison, canta junto con el Mariachi Reyes del Oeste, el grupo principal de mariachis de la escuela de la preparatoria, durante su presentación en la Fiesta del Mariachi 2022.
Bryon Houlgrave / The Register

Mi favorita, dijo, tarareando. Más tarde, en su casa, descargó la canción en su iPod Nano, tocando y repitiendo la melodía, perdido en ella. Cuando escucha la trompeta inicial, todavía piensa en ese día y en cómo transmitirá esa canción a sus hijos y ellos a las generaciones futuras.

El abuelo de Estevan Castellanos estaba en un grupo de mariachis, tocaba el violín y cantaba, igual que él. En cuanto el estudiante de último año recibió la lista de canciones del mariachi para este año, le pidió a su madre que marcara con un círculo las canciones que su abuelo había tocado.

“Me identifico con toda la cultura del mariachi. Es tan reconfortante”, dice Velázquez. “Me hace sentir en casa, como si perteneciera a algo”.

Casi todos los participantes en el festival de esta noche han pasado toda su vida en esta ciudad. Nacidos en la época de los dos Denison, los músicos se hicieron a sí mismos cuando los líderes de la comunidad estaban construyendo puentes entre la población blanca y la no blanca. 

La dualidad, una especie de vida “spanglish”, como dice Estrada, es lo que conocen.

Por eso, ninguno de los estudiantes latinos puso reparos cuando sus compañeros blancos se unieron al mariachi. Estar al lado de chicos rubios y de ojos azules que llevan moños, pajaritas mexicanas, es un aspecto más de la vida spanglish en Denison. 

“Ver a una persona blanca tocando mariachi, me impactó mucho. Me dije: ‘¡Quieren formar parte de esto!”. dice Estrada. “Me siento muy agradecido de que formen parte de ello”.

Miembros del grupo de mariachis de la preparatoria de Denison hacen su presentación durante la Fiesta del Mariachi 2022.
Bryon Houlgrave / The Register

En su esencia, el mariachi es música folclórica, creada para contar historias, para ofrecer una vía para que la gente se relacione entre sí, dice Abarca. Las lecciones de cada canción, sobre la confianza, sobre los corazones rotos, sobre el éxito, son universales. 

Tener estudiantes de todas las razas en el mariachi “me hace sentir segura, como si la gente se preocupara y quisiera aprender”, dice Abarca. “Nos hace sentirnos escuchados”.

Que el mariachi sea para todos -no sólo para los latinos- es vital para el creciente movimiento nacional de incluir esta música en los planes de estudio instrumentales, dice Robert López, experto en mariachis y profesor en el distrito escolar del condado de Clark, en Las Vegas.

“Hablamos de romper las barreras culturales y de integrar a los estudiantes de todas las culturas”, dice. “La integración va en ambos sentidos, no sólo del hispano al blanco”.

“Si la gente quiere aprender y formar parte de nuestra cultura, ¿por qué no se lo vamos a permitir?”.

Como tantas cosas en esta ciudad, el programa de mariachis lleva la diferencia, en todos sus sentidos, con orgullo. Y esa autoestima, ese honor, une a los participantes frente a la adversidad.  

Más grande que la música

Cuando llega el otoño en los Estados Unidos rural, no hay mayor escenario que el viernes por la noche: para el equipo de fútbol americano, la banda y el pueblo.

Y este viernes, cuando se cumplen tres años del programa, los chicos del mariachi pasaron al frente del campo para un número especialmente arreglado con la banda de música. Normalmente, Newell no hace que los jugadores de fútbol participen en el descanso de medio tiempo, pero el cantante de mariachis insistió. Quería hacerlo; estaba orgulloso de hacerlo, y llevaría su camiseta de fútbol mientras lo hacía.

Cuando el espectáculo se puso en marcha, Newell escuchó un sonido que flotaba en el viento. ¿Un cántico, tal vez? ¿Las animadoras del equipo visitante comenzaron una rutina?   

¿Estás oyendo eso? preguntó al asistente más cercano a él. 

Entonces el sonido se hizo más claro.

¡Taco! ¡Taco! ¡Burrito! ¡Burrito!

En un instante, se imaginaba de vuelta en el auditorio de la escuela secundaria, caminando junto a la pared trasera. Les había pedido a esos chicos que confiaran en él, los había llevado a esa orilla, y esto le destrozaba el alma.

Pero entonces se produjo una marejada en el otro lado, el de casa. El público de Denison se puso en pie. Animaron cada vez más fuerte, zapatearon y aplaudieron, hasta ahogar a los visitantes.

“Esa sensación esa noche, fue esta idea de: ¿Quién eres tú?” dice Newell. “Fue un acercamiento”.

“Eso me hizo pensar: `Bien, esto es más grande que la música. Es más grande que el programa de mariachis. Esto es lo que somos. Esto es lo que nos hace diferentes'”.

Hoy en día, los jugadores siguen aprovechando esa energía ante las gélidas multitudes, una tarea fácil, dice Abarca, sabiendo que toda una ciudad los apoya.

El objetivo original de Newell al fundar el grupo de mariachis era crear un programa musical próspero, y las cifras demuestran que lo consiguió. El programa de la banda ha crecido un 50% desde que empezó, y cada uno de los distintos conjuntos -banda de jazz, banda de animación- refleja la demografía de la escuela. Una década después, los alumnos de música se parecen a los de la escuela. 

“Tenemos chicos involucrados en nuestro programa, involucrados en él, y se van de aquí con un aprecio no sólo por la música de mariachi, sino también por la gente, por ser gente abierta y tolerante”, dice. “Salen de aquí mejor preparados para el mundo que hay fuera de esas puertas”.

Ver cómo se expande el programa, motivando y cambiando a niños de todas las razas, hizo que Newell reflexionara también sobre su lugar en una cultura cambiante. Cuando aceptó este trabajo, le habría molestado que le llamaran racista, y si eso se define como el odio a los demás por el color de su piel, ciertamente no lo era.

Pero no se había permitido explorar perspectivas fuera de lo que le resultaba cómodo, de lo que conocía. Y dejó que las palabras de esos colegas se aferraran a los rincones de su mente.

En sus diez años de trabajo con el mariachi, su empatía ha crecido, y su autoconciencia también.

“Me dio la perspectiva de decir: ‘Sí, lo entiendo. Entiendo que es un problema'”, dice, “y no importa de qué grupo de personas estemos hablando, si es latino o afroamericano”.

A lo largo de los años, Newell ha asesorado a un puñado de otros distritos en la puesta en marcha de programas de mariachis. Unos pocos han prosperado, pero la mayoría han fracasado. A veces, mientras los estudiantes se presentan para la banda del primer período, él y Rihner se preguntan por la razón.  

Miembros del grupo de mariachis de la preparatoria de Denison se preparan para hacer su presentación durante la Fiesta del Mariachi 2022.
Bryon Houlgrave / The Register

     

“¿Qué es lo que les frena?”, dice Rihner. “Sé que puede dar miedo; el cambio da miedo. Lanzarse a un programa del que no sabes nada da miedo”.

“Pero no hacerlo da el mismo miedo”.

En el fondo del gimnasio convertido en salón de fiestas, Israel Antonio Rodríguez Baez observa a su hijo, Alexis, entre lágrimas. Su hijo actuando en un traje en la escuela, esta visión se siente como un sueño, uno que él no podría haber empezado a imaginar cuando se trasladó a Iowa desde El Salvador para trabajar como empacador de carne. Saca su teléfono, revisa las fotos y las lágrimas vuelven a aparecer. Mira, dice, qué guapo.

“Mi mujer y yo hemos trabajado mucho para que hagan lo que les gusta”, dice. “Para mí, es algo que me enorgullece”.

“Pienso en su futuro y espero que algún día puedan estar donde quieran”.

A unos pasos de distancia, los alumnos de secundaria, que han tocado una canción a primera hora de la tarde, escuchan atentamente. Algunos son primos o hermanos de los adolescentes de Reyes del Oeste, la próxima generación, el futuro del programa, en carne y hueso. 

El padre de un músico de Storm Lake, cuyo conjunto de mariachis de la preparatoria también se presentaron, se inclina hacia su director de banda, Corbet Butler. ¿Cómo podemos hacer esto en nuestra ciudad? pregunta el hombre. 

Sólo dame tiempo, dice Butler refiriéndose al programa de mariachis de la escuela, que ya tiene tres años. Lo conseguiremos.

En el escenario, los músicos levantan sus instrumentos para el gran final, con la luz brillando en las hebillas de sus cinturones, cada una de ellas adornada con un águila. Las hebillas eran la única parte del viejo traje que conservaban; la aparición del águila en la bandera de México y en la de Iowa actúa como recordatorio de su interconexión, de cómo sus destinos están entrelazados.

Entonces llega el compás de espera y las trompetas estallan, el compás inicial de “El Rey” estalla al igual que el público: el inconfundible sonido de la alegría, sin importar el idioma que se hable.

Los miembros del conjunto de mariachis de la preparatoria Denison posan para una foto grupal en la puerta del gimnasio de la escuela preparatoria antes del comienzo de la celebración de la Fiesta del Mariachi 2022.
Bryon Houlgrave / The Register

 

Courtney Crowder, columnista de Iowa en el Register, recorre los 99 condados del estado contando las historias de los habitantes de Iowa. Tocó el clarinete durante años, pero decidió que lo suyo eran las palabras, no las notas. Puedes contactarla en [email protected] o en el 515-284-8360. Síguela en Twitter @courtneycare.

 

Este artículo fue puesto a disposición de Hola Iowa a través de una asociación con el Des Moines Register y los suscriptores del Register. Para leer la pieza en inglés, con un hermoso despliegue visual, vaya a DesMoinesRegister.com. Para suscribirse al Register, haga clic aquí.  

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