
Lucho por un futuro en el que cada persona en Iowa tenga las mismas oportunidades que yo tuve, o incluso mejores. Y no tengo miedo de decir nombres ni de decir verdades incómodas.
- Ruben Gallego es senador demócrata de los Estados Unidos por el estado de Arizona.
Sé lo que significa crecer con carencias. Fui criado por una madre soltera que trabajaba sin descanso para alimentar a mis tres hermanas y a mí. No teníamos mucho, pero la ayuda que recibimos vino de programas diseñados para apoyar a las familias cuando los tiempos se ponen difíciles.
Por eso, cuando tuve la oportunidad, ayudé a redactar la ley que amplió Medicaid en Arizona. Sabía que muchas familias como la mía —como tantas en Iowa— dependen de ese programa para poder ver a un médico, mantener saludables a sus hijos y salir adelante en momentos difíciles.
Cuando creces en la pobreza, la esperanza es tu única moneda.
Por eso me indigna tanto lo que acaba de ocurrir en Washington, y por qué todos en Iowa deberían sentirse igual.
La senadora Joni Ernst y la congresista Mariannette Miller-Meeks le fallaron a Iowa, votando a favor de un presupuesto que deja sin apoyo a las familias trabajadoras. Ese voto no solo complicó más la vida de la gente de Iowa, sino que facilitó que los multimillonarios se hicieran aún más ricos, mientras los demás cargamos con las consecuencias.
Y lo peor: manipularon el calendario para retrasar el impacto. Los recortes a hospitales rurales, empleos en energía limpia y asistencia alimentaria no se aplicarán por completo hasta después de las elecciones intermedias de 2026. No es una coincidencia, es intencional. Saben que si los votantes sintieran el golpe ahora, no sobrevivirían en las urnas.

Esto es lo que realmente significa esa ley:
- 23,000 personas en Iowa podrían perder la ayuda que necesitan para poner comida en la mesa.
- Tendrás que pagar $350 más solo para mantener las luces encendidas y el aire acondicionado funcionando.
- Más de 113,000 habitantes de Iowa podrían perder el acceso a atención médica cuando la necesiten.
Esto no fue un compromiso difícil. Fue una elección. Una que sacrificó tu salud, tu empleo y tu futuro a cambio de favores políticos con el presidente Donald Trump y otro obsequio para los multimillonarios. Y cuando un residente del condado de Butler le dijo a Ernst: “La gente va a morir por esta ley”, su respuesta fue:
“Bueno, todos vamos a morir”.
Cuando a Miller-Meeks se le cuestionó por cambiar de postura respecto a Medicaid, guardó silencio y evitó mirar al entrevistador a los ojos.
No tiene por qué ser así. La gente de Iowa trabaja demasiado duro para ser tratada como un dato secundario. Merecen algo mejor. Merecen líderes que luchen por ellos, no solo cuando es fácil o conveniente políticamente.
Por eso voy a Iowa.
No solo para exigir responsabilidades y señalar lo que está mal, sino para defender lo que aún es posible. Porque esta lucha no ha terminado.
Lucho por un futuro donde la atención médica sea accesible. Donde los empleos se paguen con dignidad. Donde ningún padre tenga que elegir entre pagar la factura de electricidad o alimentar a su familia. Donde el trabajo duro realmente valga la pena.
Estados Unidos es el país más rico de la historia. Tenemos los recursos para construir un futuro que funcione para todas las familias. Solo debemos tomar la decisión de luchar por él.
Lucho por un futuro en el que cada persona en Iowa tenga la misma oportunidad que yo tuve —y mejor. Y no me tiembla la voz para decir nombres ni verdades. Porque ustedes merecen la verdad, y merecen a alguien que siga luchando por ustedes.
Ernst y Miller-Meeks abandonaron a Iowa.
Yo no lo haré.






