
Las farmacias en vecindarios afroamericanos y latinos son menos propensas a dispensar buprenorfina —uno de los principales tratamientos para el trastorno por uso de opioides—, a pesar de que las personas de color tienen más probabilidades de morir por sobredosis de opioides.
Este medicamento ayuda a reducir los antojos y la probabilidad de una sobredosis mortal.
Aunque a nivel nacional las muertes por sobredosis de opioides han disminuido en los últimos años, entre afroamericanos, latinos e indígenas estas muertes han seguido aumentando.
Muchos expertos en medicina y políticas de salud temen que la amplia ley de política interna firmada en julio por el presidente Donald Trump empeore el problema al aumentar la cantidad de personas sin seguro médico. Como resultado de esta ley, unas 10 millones de personas perderán cobertura para 2034, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.
De ellas, alrededor de 7.5 millones actualmente están cubiertas por Medicaid. Poco antes de que Trump firmara la ley, investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Boston estimaron que aproximadamente 156,000 beneficiarios de Medicaid perderán acceso a medicamentos para tratar la adicción a los opioides debido a los recortes, lo que provocará unas 1,000 muertes adicionales por sobredosis cada año.
Dado que las comunidades afroamericanas e hispanas están sobrerrepresentadas en Medicaid, los recortes tendrán un impacto desproporcionado en comunidades que ya enfrentan mayores barreras para acceder a tratamientos contra la adicción.
Entre 2017 y 2023, el porcentaje de farmacias minoristas en EE.UU. que dispensaban regularmente buprenorfina aumentó del 33% al 39%, según un estudio publicado la semana pasada en Health Affairs.
Pero los investigadores encontraron que el medicamento estaba mucho menos disponible en farmacias de vecindarios mayoritariamente afroamericanos (18%) e hispanos (17%), en comparación con los vecindarios mayoritariamente blancos (46%).
En algunos estados la disparidad fue aún mayor. En California, por ejemplo, solo alrededor del 9% de las farmacias en vecindarios afroamericanos dispensaban buprenorfina, frente al 52% en vecindarios blancos.
Los investigadores concluyeron que la buprenorfina era menos accesible en comunidades afroamericanas y latinas en casi todos los estados.
Barreras para el tratamiento
La doctora Rebecca Trotzky-Sirr, médica de familia especializada en medicina de adicciones, señaló que muchas comunidades de color son “desiertos farmacéuticos”. Incluso las farmacias que existen en esos vecindarios tienden a “imponer más barreras para obtener buprenorfina y otros medicamentos controlados por temor a un uso excesivo histórico de ciertos tratamientos”, explicó Trotzky-Sirr, quien no participó en el estudio.
Además de su clasificación federal como sustancia controlada, la buprenorfina está sujeta a regulaciones estatales para prevenir su uso ilegal. Las farmacias que la ofrecen saben que mayoristas y distribuidores auditan sus pedidos, lo que disuade a algunas de almacenarla o dispensarla.
Dima Qato, profesora asociada de farmacia clínica en la Universidad del Sur de California y autora del estudio en Health Affairs, advirtió que sin cambios en la normativa, las comunidades afroamericanas e hispanas seguirán enfrentando dificultades particulares para acceder a la buprenorfina.
“Si no se abordan estas regulaciones de dispensación, o si no se ajusta la normativa sobre buprenorfina desde el ámbito farmacéutico, la gente seguirá encontrando barreras para acceder a ella”, dijo.
En vecindarios donde al menos una quinta parte de la población depende de Medicaid, solo el 35% de las farmacias dispensaba buprenorfina, según hallaron Qato y su equipo. En comparación, en vecindarios con menos beneficiarios de Medicaid, alrededor del 42% de las farmacias la ofrecía.
Medicaid cubre casi la mitad —47%— de los adultos no jubilados que padecen trastorno por uso de opioides. En los estados que expandieron Medicaid bajo la Ley de Cuidado de Salud Asequible, otro estudio reciente encontró un aumento en las personas que recibieron recetas de buprenorfina.
“Medicaid es la columna vertebral de la atención para quienes luchan contra el trastorno por uso de opioides”, afirmó Cherlette McCullough, terapeuta de salud mental radicada en Florida. “Vamos a ver más recaídas, más sobredosis y más gente en las salas de emergencia”.
Qato advirtió que la escasez de farmacias en comunidades minoritarias probablemente empeore, ya que muchas farmacias independientes ya luchan por mantenerse abiertas.
“Sabemos que es más probable que cierren en vecindarios de color, así que habrá aún menos farmacias que ofrezcan el medicamento en los lugares donde más se necesita”, señaló.
“Se necesita actuar con urgencia”
Qato y sus colegas sostienen que los estados y gobiernos locales deberían exigir a las farmacias mantener un mínimo de buprenorfina en inventario y dispensarla a cualquier persona con receta válida. Como ejemplos, mencionan una ordenanza en Filadelfia que obliga a las farmacias a ofrecer naloxona —medicamento que revierte las sobredosis de opioides— y requisitos similares de anticoncepción de emergencia en Massachusetts.
“Necesitamos crear expectativas. Necesitamos alentar a nuestras farmacias a tenerlo disponible para hacerlo accesible el mismo día, y se necesita actuar con urgencia”, dijo Arianna Campbell, asistente médica y cofundadora del Bridge Center, una organización de California que busca ampliar el tratamiento de adicciones en salas de emergencia.
“En muchas de las conversaciones que tengo con farmacias, cuando recibo resistencia, debo decir: ‘Esta persona corre el mayor riesgo de morir en este momento. Necesita este medicamento ya’”.
Campbell explicó que los pacientes suelen desanimarse por los obstáculos que enfrentan para surtir sus recetas. El Bridge Center ha estado ampliando su programa de navegadores de pacientes en todo el estado y ayudando a otros estados a iniciar los suyos. Este programa orienta a los pacientes sobre en qué farmacias pueden surtir su receta más rápido.
“Existe un medicamento que puede ayudarte, pero en cada paso es muy difícil conseguirlo”, dijo, calificando las disparidades en el acceso como “inaceptables”.
Trotzky-Sirr, la médica en California, teme que los recortes a Medicaid obliguen a muchos de sus pacientes a suspender el tratamiento y recaer. Muchos de ellos están cubiertos por Medi-Cal, el programa estatal de Medicaid.
“Muchos de nuestros pacientes pueden obtener medicamentos como la buprenorfina porque el estado cubre el costo”, dijo Trotzky-Sirr, quien también coordina regionalmente el Bridge Center.
“No tienen los recursos para pagarla en efectivo por su cuenta”.
Algunos pacientes de bajos ingresos cambian constantemente de proveedores o clínicas en su intento por encontrar atención y cobertura, agregó. Esto puede interpretarse como una señal de alerta por parte de las farmacias.
Trotzky-Sirr argumentó que la buprenorfina no requiere la misma vigilancia estricta que los opioides y otros fármacos con alto potencial de abuso.
“La buprenorfina no tiene esas características y realmente debería clasificarse aparte”, señaló. “Desafortunadamente, es difícil explicárselo a un farmacéutico en 30 segundos por teléfono”.
Brendan Saloner, profesor en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Brown, explicó que hoy se sabe más sobre el medicamento que cuando fue incluido en la lista de sustancias controladas hace unas dos décadas.
Las farmacias temen el escrutinio regulatorio y no tienen “presiones compensatorias” para garantizar que los pacientes reciban los tratamientos, dijo.
Además, los procesos de autorización previa de los planes de Medicaid también podrían estar contribuyendo al cuello de botella en farmacias, añadió.
“Las comunidades afroamericanas y latinas tienen mayores tasas de inscripción en Medicaid, así que en la medida en que estas autorizaciones previas sean un obstáculo para las farmacias, también pueden desincentivar que mantengan buprenorfina en inventario”, explicó.
En algunos estados la buprenorfina está mucho más disponible. En Maine, New Hampshire, Oregón, Rhode Island, Utah y Vermont, más del 70% de las farmacias la ofrecían, según el estudio. La mayor disponibilidad se registró en estados como Oregón, donde existen regulaciones menos restrictivas.
En contraste, menos de una cuarta parte de las farmacias en Iowa, Dakota del Norte, Texas, Virginia y Washington D.C. tenían el medicamento.
“Vamos a ver más personas perdiendo su vivienda, porque sin tratamiento volverán a hábitos destructivos”, advirtió McCullough, la terapeuta de Florida. “Cuando hablamos de comunidades marginadas, son estas poblaciones las que más van a sufrir porque ya enfrentan desafíos de acceso a la atención”.
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