
Por F. Amanda Tugade, Des Moines Register
“La ley nunca debe ser utilizada indebidamente para favorecer la supremacía de la mayoría a costa de los pobres, los marginados y las comunidades vulnerables”, escribieron en la carta del viernes 22 de agosto, que también fue traducida al español.
En noviembre pasado, pocas semanas después de que Trump ganara un segundo mandato presidencial, los obispos de Iowa enviaron una carta a la comunidad migrante del estado con un mensaje de esperanza: “Su Iglesia está con ustedes en solidaridad”.
En su carta más reciente, los obispos señalaron que siguen alineados con la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. y consideran que los inmigrantes, refugiados y migrantes merecen respeto y el derecho al debido proceso. El discurso, especialmente sobre los migrantes, es deshumanizante, escribieron, en consonancia con las preocupaciones de la conferencia.
Argumentaron que la inmigración no es un “tema político o económico”, sino un asunto “profundamente moral” que “requiere una respuesta basada en la fe, la justicia y la misericordia”.
La carta de los obispos se publicó pocas semanas después de que la gobernadora Kim Reynolds anunciara que 20 soldados de la Guardia Nacional de Iowa serían desplegados en septiembre para apoyar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE).
La tropa de Iowa forma parte de los 1,700 efectivos asignados a labores de logística y procesamiento de personas detenidas por ICE dentro y fuera de sus instalaciones.

En la carta, los obispos hacen referencia frecuente a las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la migración: las personas que no pueden sostener a sus familias debido a la violencia, la persecución o la pobreza extrema tienen derecho a buscar una vida mejor.
Los países tienen derecho a regular sus fronteras, pero no a crear políticas “inhumanas” o “arbitrarias”, afirmaron. Citaron las Escrituras, recordando un pasaje del Libro del Éxodo que dice: “No oprimirás al extranjero; ustedes mismos saben lo que es ser extranjero, porque fueron extranjeros en la tierra de Egipto”.
“En cada migrante encontramos al mismo Cristo”, escribieron. “La misión de la Iglesia es clara: defender la dignidad humana, abogar por la justicia y construir una sociedad en la que todos sean tratados como hijos amados de Dios”.
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