Por Christina Fernández-Morrow, JEFAS Magazine
Antonia Valadez dedicó años a sintonizar con quienes la rodeaban; primero como estrategia de supervivencia en un matrimonio abusivo, ahora como una de las pocas terapeutas bilingües y biculturales en el área metropolitana de Des Moines. Valadez se apoya en las lecciones aprendidas a través de su trauma personal para ofrecer atención culturalmente informada, demostrando que a veces nuestras heridas más profundas conducen a nuestras mayores victorias.
Desde temprana edad, Valadez aprendió a leer el ambiente. Sin hermanos y rodeada de adultos la mayor parte del tiempo, aprendió a prestar atención. “Era muy importante como hija única conocer el estado de ánimo de las personas a mi alrededor para saber cómo manejar cada situación”, recuerda de su infancia. “Si entiendes cómo funciona la gente, sabes cómo acercarte, cuándo hacerlo y de qué manera”. No es sorpresa que haya pursued una licenciatura en psicología. “Se trataba de comprender a las personas. Soy una persona muy curiosa”, cuenta sobre sus inicios en el trabajo social.
Aunque el trabajo era gratificante, Valadez pronto comprendió que no le proporcionaría el ingreso ni el tiempo necesarios para criar a su familia. También sabía que necesitaba más que una licenciatura si quería escapar de un matrimonio peligroso. Esta comprensión la impulsó a regresar a la escuela, decidida a construir un futuro más seguro para ella y sus hijos.
La Necesidad de Atención en Salud Mental Bilingüe
Eligió una maestría en terapia de salud mental porque también reconoció que la necesidad de terapeutas bilingües es crítica en Des Moines, donde los latinos representan casi el 16% de la población pero enfrentan barreras significativas para acceder a la salud mental. Las barreras lingüísticas, el estigma cultural y la escasez de proveedores que hablen español agravan el problema.
Le tomó años completar su título mientras preparaba una nueva vida para ella y sus hijos, trabajando en diversos empleos. “Es muy difícil salir de esa situación si uno no la ha vivido. Es fácil decir: ‘pues simplemente vete'”, comparte. “Pero hay muchos factores a considerar”. Describe los desafíos financieros, emocionales y logísticos involucrados. ¿A dónde iré? ¿Puedo llevar a mi hijo adolescente a un refugio para mujeres? ¿Estaré más segura en una situación de vivienda alternativa? ¿Hay servicios que me ayuden a reconstruir si dejo todo atrás? ¿Qué pasará con el padre mayor a quien cuido si me voy?
Este tipo de preguntas pesaban sobre Valadez mientras se preparaba para escapar de su matrimonio. Le tomó años reunir el valor, la fuerza y los recursos para solicitar el divorcio y comenzar de nuevo. Hubo sacrificios e innumerables noches de insomnio preguntándose si ella y sus hijos estarían bien. Aprendió que nadie puede actuar según el calendario de otra persona, sin importar cuán graves sean las circunstancias. Valadez comprende íntimamente la importancia del momento adecuado al buscar ayuda. “No puede ser una obligación”, afirma… Haz clic aquí para leer el reportaje completo en JEFAS Magazine
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