José Guadalupe Posada: Un símbolo del Día de los Muertos

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José Guadalupe Posada fue uno de los artistas más importantes de México en el siglo XIX.  En una de las imprentas de Antonio Venegas Arroyo, en la Ciudad de México, Posada creó cientos de obras de arte que representaban la vida pública con un sentido dramático e irónico de la realidad. 

 

José Guadalupe Posada

En el mundo cultural de Posada, la violencia, la informalidad y lo extraño formaban parte de un lenguaje visual que capturaba y al mismo tiempo criticaba los eventos cotidianos de la sociedad.  Pero, ¿de dónde vino esta visión extrema de la realidad?

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Para el escritor Carlos Fuentes, la originalidad de Posada proviene de su intento de mezclar las diversas tradiciones culturales de esa época.  En la obra de Posada hay una mezcla de la razón con la superstición, lo moderno con lo tradicional, lo formal con lo informal, la vida con la muerte.  La combinación de estos elementos aparentemente opuestos genera un tipo de arte que es fácil de interpretar para personas de diferentes grupos sociales y culturas.  Durante los últimos años de la dictadura de Porfirio Díaz y en los inicios de la Revolución, el arte de Posada sirvió como puente de integración social para los indígenas y los trabajadores agrícolas recién llegados a la ciudad.  Al mismo tiempo, su trabajo fue un reflejo crítico de una sociedad aristocrática en decadencia.

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La época de la dictadura de Díaz (1876-1911) estuvo marcada por una riqueza extrema y también por una profunda pobreza.  La cultura oficial del régimen trató de promover la ciencia y la razón como ideales de mejora social y económica.  Sin embargo, cientos de mexicanos permanecieron al margen del movimiento de modernización.  Los pobres, por su parte, continuaron ideando estrategias de supervivencia adaptándose a los ideales de mejora de la alta sociedad pero transformándolos para su propio beneficio.  Esta estrategia de adaptación y cambio hace que la realidad de la aristocracia se transforme en una parodia popular.  En este sentido, la obra de Posada trata de reproducir los sentimientos de la mayoría del pueblo.

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José Guadalupe Posada trabajó en varios talleres de litografía en Aguascalientes y Guanajuato hasta que se trasladó a la Ciudad de México en 1889.  En México, trabajó primero para el periódico La Patria Ilustrada, de Irineo Paz.  Un año después, Posada trabajó en la imprenta de Antonio Venegas Arroyo.  Ambos comenzaron a publicar las noticias diarias en “volantes”.  Los tradicionales “volantes”, presentaban noticias de actualidad de manera escandalosa para provocar miedo y horror en algunos de sus lectores, y para ofrecer una moral divertida a las historias de los demás.  Las críticas a Porfirio Díaz en varias ocasiones provocaron el encarcelamiento de Venegas Arroyo y Posada.  Años más tarde, los folletos incluían canciones e historias de la revolución.  El éxito de los folletos comenzó con el uso de “Calaveras”, versos y dibujos sobre la vida pero en términos de muerte.  A través de las “Calaveras” Posada logró capturar la sensibilidad popular mexicana, que interpreta la vida cotidiana, la política y las catástrofes naturales desde perspectivas que mezclan la fe religiosa con la superstición.  El valor que Posada dio a este tipo de pensamientos populares puso en duda la eficacia de la cultura oficial basada en la ciencia y el progreso.

 

Con el tiempo, el arte de Posada ha llegado a formar parte de los símbolos del Día de los Muertos.  La famosa calavera “La Catrina” es probablemente la imagen que más se asocia con las festividades de los muertos.  Para Diego Rivera, quien consideraba a Posada uno de sus más grandes maestros, “La Catrina”, vestida con un elegante sombrero y adornada con una hermosa boa de plumas (Quetzalcoatl), combina las dos culturas más influyentes que son significativas en la celebración del Día de los Muertos: la europea y la indígena.  Como homenaje a su maestro, Diego Rivera colocó “La Catrina” en el centro de su mural, “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, con Posada a la derecha y él mismo de niño, en el lado izquierdo de la muerte.

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Las obras más famosas de Posada son las que tienen algo que ver con la muerte.  Para Posada, la muerte es un punto intermedio donde se combinan las aparentes contradicciones que coexisten en la sociedad mexicana.  Ya sean ricos o pobres, criollos o indígenas, jueces o ladrones, nadie escapa a la muerte.  La muerte es real, la cultura popular mexicana vista por Posada nos muestra que la muerte no tiene por qué ser trágica.  Posada hace sus diversos elementos de la tradición popular para mostrar a la muerte como una compañera: a veces es nuestra amiga y a veces nos traiciona.

 

‘Calavera Oaxaqueña’, (c.1903). Grabado en relieve. Fuente: Biblioteca del Congreso

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