
También generan preocupación las modificaciones a los pagos estatales dirigidos, un sistema que permite a los gobiernos estatales indicar a las aseguradoras administradas que incrementen los pagos a hospitales y clínicas que atienden beneficiarios de Medicaid. Actualmente, la mayoría de estados toman como referencia los precios fijados por aseguradoras privadas.
La nueva normativa fijará un tope del 100% de las tarifas de Medicare (110% en estados sin expansión de Medicaid), cantidades muy por debajo de las actuales tarifas comerciales. A partir de 2028, los estados cuyos pagos excedan estos límites deberán reducirlos gradualmente en 10% anual hasta ajustarse al nuevo máximo.
Nebraska, donde el primer plan de pagos dirigidos para servicios hospitalarios fue aprobado por CMS en junio, vería disminuir sus fondos de $950 millones anuales a solo $150 millones en aproximadamente doce años.
“Contamos con este presupuesto de $950 millones que permanecerá vigente los próximos años”, señaló Hansen. “Pero la aplicación total de la ley reduciría nuestros pagos dirigidos en cerca del 84%”.
Otros estados de la región enfrentarían recortes similares. Según proyecciones de The Commonwealth Fund, Iowa sufriría una reducción del 54% en sus pagos dirigidos entre 2026 y 2034, mientras Michigan experimentaría un descenso del 45% en el mismo periodo.
Dado que estas medidas no entrarían en vigor hasta 2028, existe posibilidad de ajustes mediante gestión política. El senador republicano Josh Hawley de Missouri, quien votó a favor de la ley pero ha manifestado su apoyo al financiamiento de Medicaid, presentó una iniciativa para revocar estas disposiciones, contando con el respaldo de la Asociación Americana de Hospitales.
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