Lejos de casa, cerca del sueño

0
30
Sebastián Vaca (left) and Héctor Flores (right) at the MCC Student Film Festival, where they presented "She Doesn't Know."
Advertisements

Por Joaquin Ramirez-Andrade, Hola Iowa

Cómo dos estudiantes internacionales hicieron historia en Marshalltown

Cuando pienso en Marshalltown, pienso en una ciudad que rara vez aparece en los titulares. Una ciudad construida, en parte, por manos latinas; conocida por su planta procesadora de carne, pero sostenida por una comunidad que lleva décadas echando raíces aquí. No es el tipo de lugar donde uno esperaría que dos jóvenes extranjeros, uno de Toluca, México, y otro de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, ganaran un premio estatal de cine. Pero eso fue exactamente lo que pasó.

Advertisements

Héctor Flores y Sebastián Vaca no llegaron a Marshalltown para hacer películas. Llegaron por razones mucho más sencillas: Héctor, porque su padre fue trasladado por Emerson a Marshalltown; Sebastián, para estudiar y reunirse con su familia en Estados Unidos. Ninguno de los dos planeaba crear un video musical. Ninguno esperaba recibir un reconocimiento en los Iowa Motion Picture Awards. Y, aun así, aquí estamos.

Conozco a Héctor por una colaboración anterior en Marshalltown Community College. Pero su historia empieza mucho antes de Iowa. Creció en Toluca, Estado de México, con una sólida formación musical: cursaba su primer semestre en el Conservatorio de Música del Estado de México cuando su familia recibió la noticia del traslado. Llegó a Marshalltown en noviembre de 2024, en pleno invierno, sin saber exactamente qué esperar. “La oportunidad de conocer otro país, otra cultura, eso era de lo que más nos íbamos a beneficiar”, me dijo. “Y además, el inglés”.

Sus primeros meses no fueron cinematográficos. Pasó semanas acompañando a su madre como traductor, fue conociendo la ciudad poco a poco y pronto encontró una forma de conectar: se ofreció como pianista acompañante para el coro de estudiantes de último año de la preparatoria. No me sorprendió. Héctor creció en una familia que siempre se involucraba en la comunidad donde vivía, sin importar cuánto tiempo fueran a quedarse. Trajo esa misma mentalidad a Marshalltown. Cuando finalmente se inscribió en el programa de Broadcasting and Digital Media de MCC, encontró algo que no esperaba: una oportunidad real.

La historia de Sebastián es distinta, aunque ambos comparten algo: la capacidad de adaptarse rápido. Viene de Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más grande de Bolivia, y cuando le pregunté cómo fue la transición a Marshalltown, se rió. “Soy un tipo que vive en su propio mundo”, me dijo. “No me gusta molestar a la gente ni que me molesten. Me adapté demasiado rápido”. Lo que no cambió al cruzar fronteras fue su relación con la música. Desde joven, Sebastián hacía freestyle. Escribía poemas que nunca ponía en papel. Compuso su primera canción a los 15 años, durante la pandemia, con la ayuda de un amigo que le enseñó a estructurar versos y coros. Hoy tiene cientos de canciones. Casi ninguna publicada.

Advertisements

Habían compartido una clase en MCC sin saberlo. Fue la profesora Jo Frohwein, quien dirige el programa de Broadcasting, quien hizo la conexión: le comentó a Sebastián que el músico que estaba buscando estaba sentado en la misma clase. “¿Quién diablos es Héctor?”, me confesó Sebastián entre risas. Héctor no recuerda ese momento. Pero Frohwein sabía lo que hacía: después de esa conversación, Sebastián fue a buscarlo.

Advertisements

El plan original era algo completamente distinto. Tenían una canción en español, una mezcla de reggaetón y dembow, que se vino abajo por falta de tiempo y presupuesto. Fue Sebastián quien propuso cambiar de rumbo: una canción en inglés que ya tenía escrita, titulada “She Doesn’t Know.” “Estamos en Estados Unidos”, explicó. “Si sacamos algo en español, la gente aquí no lo va a entender”. Fue la decisión correcta. La canción trata sobre un chico enamorado que no sabe cómo decirlo, paralizado por el miedo al rechazo. Simple, honesta, universal.

Advertisements

Lo que siguió fueron seis meses de trabajo. Sin cámaras profesionales: grabaron con teléfonos. Sin presupuesto: las locaciones fueron lugares que podían usar gratis. Hubo choques creativos. Héctor, con su formación musical académica; Sebastián, con sus instintos de freestyle. “Era como un músico formado y un chico de la calle”, dijo Sebastián. “Maestro”. Héctor se rió y no lo negó. “A mí me gusta trabajar para el cliente”, explicó. “Y aquí mi cliente era Sebastián: se trataba de hacerlo feliz porque él era quien iba a aparecer en pantalla, quien iba a dar la cara”. Siempre encontraron un punto medio porque, al final, lo que importaba era que se viera bien. Grabaron escenas bajo la llovizna de otoño. Sebastián actuó un día completamente enfermo, sin decírselo a nadie, porque tenían que filmar y él no iba a ser quien detuviera todo. “Ahí es donde se ve mi ética de trabajo”, me dijo con total seriedad.

Cuando se enteraron de que habían sido nominados a los Iowa Motion Picture Awards, ninguno esperaba ganar. Habían enviado el video a varias competencias, incluida la Broadcast Education Association, donde vieron su nombre junto al de universidades como UCLA. “Ahí fue cuando dijimos: no vamos a ganar”, me contó Héctor. Pero ganaron. El trofeo lleva el nombre de Héctor. Pero los dos saben lo que costó. Sebastián todavía no lo ha tenido en sus manos.

Advertisements

Le pregunté a Sebastián qué significaba ganar un premio estatal siendo alguien que todavía duda en publicar su música. Su respuesta fue honesta: “Me metí en un compromiso sin saber que me estaba metiendo en uno”. Nunca tuvo la intención de lanzar nada. Pero la canción salió, ganó y eso fue todo. Lo que sí me dijo, con claridad, fue que estaba feliz por Héctor. “Si puedo ayudarte a cumplir tus sueños, te voy a ayudar. Especialmente si son mis amigos”.

Héctor viajará este verano a Boston para asistir a un taller en Berklee College of Music, una de las escuelas de música más prestigiosas del mundo, de donde han salido nombres como Charlie Puth y el productor de Michael Jackson. Irá, como él mismo dice, con fe y esperanza, pero con todas las ganas de aprender. Sebastián también sigue avanzando, con la música siempre de fondo. Ninguno de los dos planea quedarse en Marshalltown para siempre: Héctor tiene familia esperándolo en México; Sebastián tiene Bolivia. Pero ambos dejaron algo aquí.

Advertisements

Nadie lo vio venir. Ni siquiera ellos. Llegaron lejos de casa, sin planes, sin presupuesto, sin garantías. Pero en un país que no siempre los recibe con los brazos abiertos, encontraron algo que no esperaban. A veces el sueño aparece donde menos se busca. Para ellos, apareció aquí, en Marshalltown.


Mantente al tanto de las historias que importan: visita HolaAmericaNews.com para conocer las últimas noticias, cultura y actualizaciones de la comunidad.

Facebook Comments

Advertisements